La Herrería: ¿Silla de un Rey o Santuario de un Dios? – Próximamente
Situada en lo alto del Bosque de La Herrería, esta formación de granito ha sido interpretada durante siglos como un simple punto de observación.
Sin embargo, su escala, su orientación y su relación con el entorno abren otra posibilidad: la de un lugar mucho más antiguo, donde la montaña ya tenía un significado sagrado antes de cualquier lectura histórica posterior.
Deja atrás la leyenda de la silla de un rey y adéntrate en el Bosque de La Herrería, un paisaje donde la piedra, el agua y el bosque parecen conservar una memoria anterior a los relatos modernos: un paisaje moldeado por ritos ancestrales y el poder puro de la «España granítica«.
La experiencia comienza cruzando el umbral marcado por la “garra de oso”, un antiguo símbolo utilizado para señalizar el inicio de un bosque sagrado.
Al caminar bajo los grandes robles, los árboles más venerados del mundo céltico, se te invita a desprenderte de la perspectiva moderna y caminar el territorio como un paisaje vivo, tal y como pudieron percibirlo los antiguos vetones: un mapa de fuerzas, señales y presencia divina.
Poco a poco, el bosque se abre.
Entonces, en su corazón, emerge el altar monolítico. Sin artificio. Grande, desnudo, expuesto al cielo.
Una estructura mucho más antigua que el monasterio al que hoy se enfrenta. Un conjunto de formas que invitan a detenerse, no tanto para interpretar, sino para observar desde otra calidad de presencia.
Aquí encontrarás al «Marti Magno» (El Gran Marte), la deidad guerrera de las montañas cuya presencia amenazante aún se intuye en la roca rugosa. Podrás observar los canales y cazoletas rituales diseñados para libaciones de miel, leche o vino, mientras diriges la mirada hacia las alturas del monte Abantos, donde las aves rapaces, los antiguos intermediarios entre los dioses y los hombres, todavía patrullan el cielo.
Desde este punto, el valle de La Herrería se despliega hacia Abantos y las Machotas, dos presencias montañosas que enmarcan el espacio como si el lugar hubiera sido elegido por el propio relieve.
La experiencia culmina con una práctica de percepción telúrica inspirada en la tradición radiestésica. Un momento para sentir el territorio desde el cuerpo, en silencio, permitiendo que la atención descienda por debajo del pensamiento racional.
Como escribió Albert Einstein:
La emoción más hermosa que podemos experimentar es la del misterio. Quien es un extraño a esta emoción, quien ya no puede detenerse a maravillarse y permanecer embelesado por el asombro, es como si estuviera muerto.
No se trata de una simple visita a unas piedras antiguas, sino de una invitación a despertar tu intuición animal y reconectar con las fuerzas poderosas de la tierra que estas piedras han custodiado durante más de dos milenios.
Fecha:
Domingo 11 de octubre
Horario:
duración 4 horas
Precio: 50€
